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El miedo y la oscuridad

Dice el maestro Bert Hellinger que solo existen dos fuerzas: amor y miedo. Dos polaridades en las que vivimos profundamente y en medio de las cuales no es tan facil conseguir el equilibrio.


Si el miedo no se expresa ni gestiona de forma adecuada, puede acumularse y acabar arrastrándote a una espiral de autodestrucción. El miedo, y lo que solemos llamar oscuridad, no tiene por qué ser negativo siempre, pues con la templanza y con la concentración puesta en la mejora de ti mismo, puedes ser capaz de gestionarlo.


Esa oscuridad o miedo es parte de lo que venimos a reconocer para transformar y lograr el camino al amor, a la luz.
Siempre estará allí…..Es parte del proceso.

Es importante que esté…Así todo tiene sentido. Te recordamos a integrar esos términos que son parte de nuestra vida. Integrarlos de una manera adulta, sin exclusión. Cuando alguien está viviendo su oscuridad o sus miedos …está en un proceso de integración.

Buscando el camino de la reconciliación para llegar a la dimensión del amor. Entonces no dejes que tu ego te coloques en una posición de ventaja con el otro, cuando veas a tu espejo en ese proceso, y menos te juzgues cuando tú estés en tu proceso de miedo y oscuridad.

Abrázate que estás en tu transformación. Una manera amorosa de ver nuestros procesos, desde las constelaciones familiares.

Solo hay una forma de saber qué camino tomar.

Tienes que seguir tu miedo. Te mostramos el camino. Huir de lo que te asusta es una forma de perder el rumbo: al hacerlo, te alejas cada vez más de lo que estás buscando.

Si tienes miedo de enfrentarte a esa persona o situación, ahí está el nudo que desatar. ¡Ese nudo que si es reconocido y abordado te dará las claves de la libertad! Entonces, de ahora en adelante, cuando sientas miedo, molestia, angustia y preocupación, no te escapes.

Escucha lo que sientes. Y entra con valentía a descubrir el tesoro escondido en tu malestar. «Los tesoros más preciados están custodiados por el dragón más terrible. Para alcanzar los tesoros, tienes que ir al dragón… y besarlo».

Bert Hellinger

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